sábado, 2 de junio de 2012

En la carretera con José Luis Guerín.

Guerín sonríe a la ingenuidad de su entrevistador.

De alguna manera que no viene al caso en este momento, ayer conseguí meterme en el coche que debía ir a recoger a José Luis Guerín al aeropuerto de Venecia para llevarle al festival Kino Otok en Izola. He aquí el resultado de mi primera entrevista con un director de cine. Siete preguntas sobre ruedas en algún lugar entre Italia y Eslovenia.


Cuando hizo "Guest", una de las cosas que impulsaron el proyecto fue el tener un arma para contrarrestar la mirada del otro.

Empecé a utilizar esa cámara sin ninguna voluntad a priori de hacer ninguna película, sino que era un juego que me servía para devolver la mirada en esos momentos de presentación, de exhibición a los medios. La paradoja fue que ese instrumento protector se iba convirtiendo viaje tras viaje en todo lo contrario, en una herramienta de conocimiento, esa mutación está presente dentro de la película.

Una de las funciones del cine es el usarlo como herramienta de descubrimiento, para desvelar aspectos desconocidos del arte, la sociedad o el ser humano en particular. ¿Qué es lo que usted descubrió con su película?

Es una experiencia vital, la película en sí es aprendizaje y es difícil sintetizarlo con palabras. Lo que aprendí está reflejado en la película que he hecho.

Uno de los aspectos en los que se centra Kino Otok especialmente es la educación fílmica. ¿Cómo fue su experiencia en este aspecto y cuales fueron sus referencias?.

Mi aprendizaje fue como espectador. Para mí, ver películas y hacerlas es una expreriencia reversible, como escribir y leer. Cuando yo era un muchacho, en España no existían escuelas de cine. Franco cerró la última porque las consideraba un nido de comunistas. Apenas había libros tampoco... pero tenía algo excepcional que era la Filmoteca. La Filmoteca Española tenía entonces una sede en Barcelona y teníamos cuatro sesiones diarias. Normalmente las dos primeras consistían en una revisitación permanente de los grandes clásicos: Expresionismo alemán, Neorrealismo italiano, Renoir, Stroheim... y las sesiones de la tarde/noche se dedicaban prioritariamente a los nuevos cines y a las vanguardias. Era extraordinario y creo que no hay una mejor escuela que esa. Creo que ver películas es una eduación menos simplista que leer libros sobre como hacer las películas. Cada película es un organismo singular, único, complejo... Lo que sirve para una película no sirve para la de al lado. Entonces, ver películas y luego discutir acaloradamente con los amigos sobre lo que habíamos visto ha sido seguramente mi única escuela.

Volviendo al tema de su película, quisiera conocer cómo ve usted las relaciones personales dentro de un festival de cine. ¿Cómo son esos encuentros?

No creo que haya una regla fija, en general diría que un festival de cine se parece a una feria de congresos. Es extraño porque vas viajando a lugares muy alejados entre sí y en cambio el festival de cine se mantiene como una especie de no-lugar donde encuentras los mismos o parecidos rostros. Es un espacio muy impermeable al entorno. Un festival de cine sigue una regla muy endogámica, por esa razón al hacer “Guest” aprovechaba para ir a buscar la vida cotidiana, popular, que podía haber detrás de la pantalla del cine.

¿Ha cambiado de alguna forma su manera de ver ese “no-mundo” de los festivales al terminar “Guest”?

No, porque la verdad es que no me he relacionado tanto con los festivales. He acudido, he intentado siempre cumplir esctrictamente con lo que se me plantea, que normalmente es presentar la película, estar en un coloquio, alguna entrevista... Resuelto ese protocolo aprovecho para andar por las ciudades, por los pueblos que acojen el festival. Los festivales por lo tanto son para mí muy diversos. Sí describen una realidad distinta a la que yo conocí de joven, porque se han convertido en muchos casos en el único órgano difusor del cine para que las películas fuera de las majors lleguen al espectador. Hace unos años, la denominación “película de festival” tenia un sesgo peyorativo. Ahora designa una realidad asimilada por todos. Cubren básicamente una carencia en la exhibición que antes no era necesaria.

Hablaba usted de los paseos en los que escapa del festival para quedarse con ese espíritu callejero que queda tan separado de la realidad de este tipo de eventos. ¿Qué encuentra en estos instantes?

A veces he encontrado un motivo que me parece un esbozo para una próxima película. A veces una casa de comidas con un ambiente acogedor. A veces un rincón o plaza donde leer una novela... En general, cuando hacía “Guest” sobre todo era un ejercicio de cómo relacionarme con el otro. A través del soliloquio que permiten estas nuevas tecnologías -como la cámara digital- hice un trabajo de retratista, de preguntarme cómo me relaciono con el otro, cómo voy creando en directo una secuencia, cómo me callo o intervengo en esa relación con el otro, tal vez establezco un nexo con alguna secuencia que he grabado antes... Es algo que tiene que ver -a mi me gusta pensarlo así- con la sabiduría del retratista, que viene de la pintura. Son técnicas distintas pero que también  tienen elementos comunes. He intentado poner en práctica esas ideas sobre el retrato que me rondaban por la cabeza.

Dijo también alguna vez que solía retratar “paisajes sonoros” de los lugares.

Es una manera de empezar a relacionarme con una localización. Me gusta hacerlo antes de que llegue todo el equipo, y a menudo al acabar la película también. Cuando estoy solo le pido a Amanda -mi sonidista- que se quede conmigo para hacer descripciones sonoras de los lugares. Ese material sonoro me va a dar más libertad y posibilidades expresivas en el montaje de sonido de la película. Bueno, ya estan las siete pregutas... ¿no?.

Gracias a Jose Luís Guerín por un agradable viaje al borde del Adriático.







Movie lessons #2: the roots


“pure cinema, not multiplex entertainment”
Cut (Amir Naderi, Japan, 2011)


Yesterday I saw Amir Naderi’s Cut, the first movie to be screened at Kino Otok this year, and I really identified with the main character, Shinji. We both were looking for something… and in my search I got the second lesson from this festival.
I have been thinking a lot about the roots and evolution of cinema lately. It started a month ago, when I was visiting the Lumière Brothers Museum in Lyon for the first time. After a rather boring walk through different rooms packed with of all kind of devices and personal belongings, I finally found a source of inspiration, and again the movie magic was working its power in front of me.
I found myself in front of a screen wall showing images that the Lumière film crew were filming all over the world by the end of the 19th century. I immediately thought of what the Spanish director José Luis Guerín said about feeling like a Lumière brothers film operator when he was filming his last movie Guest all over the world. I guess that it makes sense because both (Guerín and these cameramen) were looking for something too, and using a camera to make it happen.
Inside the Art Kino Odeon I also felt the same kind of connection that Guerín felt making his movie. I understood that cinema had lost something on its way to become the billionaire industry that “rules the world” nowadays. And thanks to Shinji and his love for pure cinema I found that the answer was in the roots of the art itself.
The Lumière’s cameramen were using their “travel movies” as a way to make the audience discover places and people that they had never seen before. That’s why it became so rapidly popular and successful (and also the reason why their business got exhausted when they didn’t have any exotic places left to show to the avid spectators).
The blockbuster movie industry nowadays has reached the same point as the Lumiere’s brothers movies. They’re just not interesting anymore. There is nothing new to show to the audience, and the amazing technical evolution of our time seems not enough to fill this lack of “adventure”. But what’s this adventure? Good question… It might be a different thing to each of us, but in my case I discovered that the feeling of exploring a new territory (artistic, social or psychological) while watching a movie is what is most exciting to me.
So I hereby want to thank the creators like Jose Luís Guerín and Amir Naderi (both present at this year’s Kino Otok) for keeping a bit of that Lumiere’s brothers spirit in every movie they make. Hvala vama.

jueves, 31 de mayo de 2012

MOVIE LESSONS #1: The Greats of Comedy.

Play Time (Jacques Tati, France, 1967)

Jacques Tati and an open air screening are a perfect match for a summer night. As a newcomer to Kino Otok, I could not have had a better introduction to what a movie festival is and mostly what it means to me: a place where movies, memories and experiences merge to become a common ground shared by organizers, volunteers, visitors and locals.

Yesterday's projection meant an instant connection to the memory of my grandfather. He was a very serious and methodical man because of his job, and he also was the person who started my movie education. I will always remember how astonishing it was to see such a severe man laughing (and crying) at Louis de Funès as a French gendarme, or Peter Sellers as a clumsy Indian movie extra.

I didn't know it then, but those moments watching movies together when I was 6 or 7 years old would become one of the most vivid memories of him that I will always carry with me. They were also my first movie lesson: the Greats of Comedy.

Tati was one of those comedic geniuses too, who seem to be lost for most of our young generation despite the fact that his movies and his comedy never gets old. Monsieur Hulot will always make me think of long weekend afternoons, the smell of my Grandfather's coffee and the memory of a time which will never come back but deserves to be paid tribute. So we did.

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